4/26/2006
Manos de ladrón
Ya no basta el placer de sentir el poder de tenerlo todo con un golpe de astucia, porque Dalton Russell, el ladrón de “El plan perfecto”, hace lo que hace sólo porque se siente capaz de hacerlo. Para este nuevo retrato policial neoyorkino, Spike Lee se basó en un motivo recurrente en este tipo de tramas: la austicia. Sin embargo, al barnizar su obra con una capa de gruesa moralina, pierde toda solidez. Ahí están las escenas de un niño rehén pasando el rato con un juego digital donde sólo triunfan los delincuentes. Así como también, los deseos de hacer justicia contra un oportunista del genocidio nazi sin conocerse los motivos y los medios por los cuales supo el paradero real de los preciados diamantes.
Los aciertos están más bien inclinados en las argucias del líder de la banda usando para ello la confusión desatada en el rescate y las aristas de un sistema corrupto, en manifiesta contraposición al orden y al respecto jerárquico de los secuestradores que duró en toda la operación. Estrategia comprobada con la división de los que estaban al interior del banco en hombres y mujeres, primero, y luego en clientes y oficinistas sin caer en el recurso fácil del estereotipo racial o religioso. Es más, el film no pasaría de ser una entretenida película de acción de la gran industria de Hollywood, si para ello no hubiera contado con un elenco de primer filete: Jodie Foster, Denzel Washington, Christopher Plummer, Willem Dafoe y Clive Owen.
En algunos casos se supera el límite de lo posible con el escondite armado tras las paredes de la bodega y la entrevista amenazante entre policía y magnate. No olvidemos que son los diamantes de un partidario del genocidio alemán, demasiado interesado en ocultar su pasado y que no cesa en comprar el silencio de una inescrupulosa e influyente lobbista.
Russell cree adquirir de manera gratuita su perdón robando a otro ladrón, en medio de una lluvia divina que cae desde los cielos de la Gran Manzana para deslegitimar cualquier acto de violencia en el logro de sus objetivos. Y de paso, condenar a un policía en el descrédito como resultado de su propia ingenuidad, frente a la inercia de una ciudad colapsada por la corrupción.
4/19/2006
La marca de la ira
Porque con “V de venganza”, dirigida por James Mc Teigue, las disculpas por los alcances con cualquier hecho real, parecen palabras proferidas con una mueca sarcástica. Estamos en el 2020. Estados Unidos ha dejado de ser potencia y el Reino Unido está gobernado por un régimen fascista, donde el gran canciller marea a las masas con sus monsergas emitidas por televisión. Y no sólo eso, sino que existe también un estado policíaco encargado de reprimir las diferencias sexuales o de disidencia política con el gobierno.
Con estos datos, la trama parece un hecho arriesgado si consideramos que Estados Unidos atraviesa actualmente uno de los momentos más pesimistas con el actuar de sus dirigentes. En este llamado a encontrar respuestas frente a un complejo mapa en el orden internacional, aparece este audaz caudillo de antifaz -así como el fantasma de la ópera- a fin de arrogarse el derecho a vengarse después de las quemaduras sufridas en un experimento biológico irresponsable, del cual se libró caminando con parsimonia en medio de las llamas.
Es aquí donde se suma a la causa una menuda joven llamada Evie (Natalie Portman), con el propósito de hacer los días menos amargos al nacimiento de este extraño antihéroe. Es una muchacha marcada por la violencia que conserva, como su compañero de aventuras, el viejo anhelo porque la sociedad recobre la cordura. En la explicación de sus vidas se suceden demasiados flashbacks, pero lo que realmente satura son los diálogos filosóficos que a ratos se tornan exasperantes.
Mezcla de “El Conde de Montecristo” y “Cyrano de Bergerac”, el enigmático señor V reflota ese bajo sentimiento de revancha acompañado de los acordes grandilocuentes de Tchaikovski y Beethoven, mientras se vienen abajo los principales símbolos de la política inglesa como el parlamento. Ni pensar siquiera en hacer algo parecido con nuestra Moneda, ni mucho menos poner un personaje de bigotes a lo Chaplin dando mensajes desde un púlpito en cadena nacional de televisión.
V es una excelente película de efectos pirotécnicos, con imágenes poético-religiosas como el bautismo por medio del fuego o el agua; pero más aún, con un mensaje llamado a la defensa ciega en las ideas, pero a un precio que puede resultar demasiado caro.
4/12/2006
Malsana Justicia
Desde el “Silencio de los Inocentes” que no veía a un policía tratando de sumergirse en las aguas infectas de la mente de un sicópata sagaz y frío. Con “El juego del miedo II”, dirigida por Larren Lynn Bousman, el investigador Eric Mason cree haber llegado al final de un caso al atrapar en su propio centro de operaciones a un desequilibrado que no ceja en mezclar a Darwin, la supervivencia del más fuerte y la dicha de absorber en forma lenta un vaso de agua, en señal manifiesta de su admiración por la vida.
Pero la templanza se acaba cuando descubre lo que ocurre tras las cámaras de televisión en circuito cerrado. Seis jóvenes, donde está incluido su propio hijo, están encerrados en una casona aspirando un gas letal que acabará con sus vidas en cuestión de horas. Jigsaw, el sicópata, advierte que la única salida es que el policía se someta a las reglas del juego.
Si no fuera por el exceso efecto comercial que provoca la exposición de miembros amputados y chamuscados, el film atravesaría la barrera del simple género “gore” hacia lo mejor del suspense en el último año. Porque Lynn se da la libertad de armar un esqueleto argumental utilizando todo lo lúdico que esté a su alcance, burlándose no sólo de la mesura de sus protagonistas, sino también el propio espectador.
El hijo del policía es un ser complejo y escasamente aprovechado. Él sabía que su padre había encarcelado a gente inocente, de lo contrario cómo se explica la negativa a revelar la verdadera identidad de su progenitor cuando uno de los reclusos se lo pregunta. Sin embargo, cuando esto se sabe no hay mayor reacción que la indeferencia de una de las muchachas. Así, se desaprovecha la oportunidad para subrayar el trabajo en el desdoblamiento de la naturaleza humana, como base argumental de una verdadera matriuska del celuloide.
Hay un afán exagerado por llamar la atención a través de actos sangrientos. En el cartel de la promoción del film aparecen un par de dedos quebrados con las uñas desencajadas. Pero a la vez, se recrea un ambiente con ribetes de justicia en el “ojo por ojo” de las creencias musulmanas o del contragolpe en una espiral sin techo, pero queda trunco; tal como las manos repartidas en las filigranas de la pantalla.
3/29/2006
Cuestionada Virilidad
Más abajo dice Paz que el amor es el único remedio contra el Sida y que este mismo sentimiento está condicionado por la trasgresión ya sea contra la familia o la sociedad. Premisas que calzan perfectamente en la relación que tienen dos vaqueros en los llanos salvajes de Wyoming, mientras buscan trabajo en los cálidos días de 1963.
“Brokeback Mountain”, del director Ang Lee, interesa porque trata de dos bisexuales que no tienen un atisbo de amaneramiento. Son vaqueros rudos que escupen tabaco y cabalgan toros, tienen hijos y esposas que mantener. Envueltos repentinamente en una nebulosa romántica, parece que el resto de los mortales sufrieran los estigmas de ser los violentos y los cerrados de mente que llevan una vida absurda basada en limpiar pañales y soportar las caras largas de los suegros.
Es una aventura solitaria que se rompe cada tres o cuatro meses cuando los amantes vuelven a encontrarse a solas a los pies de la gran montaña Brokeback. Es el eterno retorno de “Romeo y Julieta” revestido de otros ropajes, los mismos que han abrigado a feministas y homosexuales en su lucha por la igualdad cívica a contar de la mitad del siglo pasado.
El tema carece de originalidad, ya que el inglés James Ivory realizó hace años otro film de similares características y, a mi gusto, de una complejidad y superior riqueza de ideas: “Maurice”. Pero en Brokeback destaca un despliegue enriquecido por los paisajes, donde la libertad es una sola cosa cuando el hombre está más cerca de la naturaleza sin más murallas que la lona de una vieja carpa.
Asimismo, el relato está firmemente sostenido por sus actores principales: uno retraído y el otro aventurero. Ambos, sin entender las razones de la religión que profesan: la metodista. Ambos reflejando por medio de sus actitudes que la hombría tiene directa relación con la voluntad para defender lo que sienten y piensan, como en la escena donde el suegro de Jack Twist es duramente reprendido por su yerno en medio de una cena familiar.
Tal vez ahí radique su éxito: en reflotar un sentimiento que es común a todos, pero por una vía distinta teniendo las tonadas del folk norteamericano, las botas y los arreos de ovejas como voladeros de luces de una claridad mucho más perdurable.
3/19/2006
Parada Obligada
Sin embargo eso fue lo que se propuso el director francés -otra vez Francia- Luc Jacquet con su tierno documental “La marcha de los pingüinos”. Y digo tierno porque dejó fuera todo vestigio de violencia irracional. Recuerdo ver en otro programa como un pingüino mataba a otro a fuerza de picotazos, ni qué hablar de los pingüinos gays del zoológico de Bremerhaven. Para Jacquet el punto de vista era sólo uno: el profeso amor y respeto que se tienen los pingüinos emperadores cuando llega la hora de aparearse.
La cinta está narrada en off por tres voces: el padre, la madre y el hijo pingüinos. Ellos relatan la travesía desde el momento en que la luna y el sol se juntan a mediodía. Allí comienza la primera de un total de cinco marchas para que estas aves provenientes de los cuatro puntos cardinales se reúnan en una planicie cubierta por montañas de granito. En ese lugar se emparejan y procrean hasta obtener el huevo que deberán proteger exponiendo, incluso, sus propias vidas.
La marcha del crepúsculo, de la luna, la noche de los hambrientos y el de la separación son jirones de aventuras excelsas que van desentrañando la naturaleza de un animal que a simple vista parece tan torpe.
A diferencia de la magistral obra “La historia del camello que llora”, en los pingüinos la interferencia humana es nula. No obstante, estas pequeñas y hermosas aves presentan actitudes en extremo civilizadas, algunas de ellas tenidas muy a trasmano en nuestra cultura, como la fidelidad. Schopenhauer debe estar revolcándose en su tumba al recordarnos que el peor de los animales en este reino es el hombre; noción ejemplificada con el niño que ve a dos cachorros jugando sobre el césped y de su natural inclinación de agarrar a patadas al par de canes.
En medio de tan variadas noticias que exacerban las frases de Schopenhauer, Jacquet rescata esta historia sencilla encarándonos con un espejo, el espejo sobre cual descansa la verdadera naturaleza humana, y que a más de alguno debería avergonzar. El concepto de familia (el punto de mayor flaqueza del film, ya que acá no se destaca al animal sino que la sensibilidad humana) se une al del amor, el sacrificio, la unión social, el trabajo, el compromiso y el aprendizaje en un relato no exento de sentimentalismo y misticismo, conocimiento y reflexión.
3/16/2006
El mundo en una cápsula
Han pasado 400 años y siete generaciones para llegar al año 2415. En la tierra sólo queda una ciudad -Bregna- donde viven cinco millones de habitantes y que es más bien un imperio cuyo monarca es el biólogo Trevor Goodchild. Fuera de sus murallas hay una selva inhóspita que alguna vez provocó una epidemia capaz de asolar de un plumazo cualquier vestigio de humanidad. Bregna es el arquetipo de un mundo feliz, donde todo es controlado por le eficiencia de las tecnologías.
Sin embargo, hay una organización de disidentes llamados los “monicanos”, cuyo objetivo es derrocar la dinastía de los Goodchild, debido a una serie de inexplicables desapariciones de seres humanos. La misión definitiva está en manos de las monicanas Aeon (Charlize Theron) y Sithandra, una mujer de raza negra que en vez de pies tiene manos. Pero Aeon sufre la muerte de su hermana, en momentos que padece de diversos sueños que la hacen experimentar sentimientos aletargados.
Aeon rompe con la misión porque “siente” que Trevor no es el causante de las desapariciones. Pero ella no es la única fugitiva. Trevor se une a esta causa para descubrir un insólito acontecimiento: que cada habitante es clonado eternamente, impidiendo que las mujeres engendren por sus propios medios. Y esto, debido a que en el comité de gobernantes hay un dogmático científico que reniega de todo natural proceso por considerarlo inferior y peligroso. La hermana de Aeon había muerto prematuramente, porque sería la primera mujer en 400 años en dar a luz un hijo de forma natural.
El moderno conflicto entre civilización y naturaleza regresa con esta cinta que cumple su noble labor de entretener, sin meter las manos en los conflictos sicológicos que ocasionaría el hecho de saber que la biografía puede ser cortada y prolongada por centurias. Aeon no se sorprende, sólo quiere llegar a la destrucción del sistema reinante, con habilidades corporales propias de los artistas del Cirque Du Soleil.
Nunca sabremos si en realidad los monicanos eran aliados de los Goodchild, ni siquiera si la peste desoladora había acabado en el exterior. Tal parece que la tierra prometida de este Moisés del séptimo arte será una causa a seguir en una segunda parte de esta divertida producción.
3/02/2006
Un paño blanco africano
La antítesis de ello son las personas “que vienen de vuelta” y cuya unión se basa en algún misterioso deseo de cumplir o proseguir con un objetivo propuesto de antemano. Acá el azar no cuenta y ese parece ser el motivo inicial del encuentro entre un diplomático de la corona británica y una bella defensora de los derechos humanos en el film “El jardinero fiel” del realizador brasileño Fernando Meirelles.
El título lo dice todo. Justin Quayle (Ralph Fiennes) es un fiel amante de la jardinería que viaja a Kenia, lugar donde debuta en escena con su joven prometida Tessa (Rachel Weisz), a quien se le imputa un desliz amoroso con Sandy, un médico africano que presta toda su ayuda en develar las extrañas muertes en un hospital de ese pobrísimo país.
La trama pasional cede a una intriga policíaco-periodística por parte de ella y que deja fuera de escena al diplomático a fin de no entorpecer su carrera. Ella muere en extrañas circunstancias en el lago Turkane y su amigo aparece pendiendo de la rama de un árbol en las cercanías. Esto motiva a un Quayle impertérrito a seguir la pista dejada por su esposa y que se relaciona con el complot entre el gobierno británico y una conocida marca de medicamentos que utiliza la población de esa zona devastada por la miseria para experimentar una vacuna contra la tuberculosis.
El tema se aleja de la fantasía si consideramos que realmente es en África donde más gente muere a causa de diversas enfermedades propagadas sin control. Rachel interpreta su rol de investigadora incansable como lo haría la mejor de las reporteras de una ONG que aboga por la salud mundial. Por ello, el amor es el pretexto un tanto interesado en ella e indiferente en él, que alcanza su punto cúspide en los recuerdos y en el llanto del flemático inglés, en medio de uno de sus cuidadosos jardines.
Meirelles utiliza uno de sus mejores recursos (la imagen publicitaria) para atrapar con interés un tema complejo. Ya no es el James Bond en plena guerra fría, sino que una ciudadana librada de toda afiliación partidista, interesada en librar una lucha sin cuartel valiéndose de un notebook, contra un fenómeno propio de la globalización: la expansión inescrupulosa de una transnacional.La cinta será una delicia para los que aún creen en los ideales sociales en los albores del siglo XXI y en el amor como algo más que la encrucijada ciega de dos amantes.
2/22/2006
Esos extraños ojos rasgados
Para el tratamiento de la protagonista (Mun), los directores del film, los hermanos hongkoneses Oxide y Danny Pang, emplean imágenes borrosas, desenfocadas, cuya sencillez e indiferencia por el uso de efectos técnicos de última generación se mantienen en toda la trama. Es así como Mun logra recuperar la vista, pero algo raro sucede, porque comienza a encontrarse con las almas de algunas personas que, minutos antes de morir, se habían cruzado en su camino.
Llama la atención que los médicos sean en extremo jóvenes. En una nación que venera y respeta a los ancianos por ser los receptáculos de la experiencia y la sabiduría. Tal vez allá la medicina sea vista como una técnica moderna más, subordinada a los dictámenes de su centenaria filosofía.
Siguiendo a ciegas las aceleradas promesas de la ciencia médica, Mun no sabe como interpretar esa nueva capacidad para tratar con las almas en pena. No es como en “Sexto Sentido”, donde el “niño-médium” asume su rol con seriedad a fin de entregar algo de consuelo a los espíritus que dejaron esta tierra con actos inconclusos. En “El Ojo” la joven pasa de la sorpresa a la desesperación y es en ese estado alterado donde aparece uno de los médicos para socorrerla. Para ello es necesario encontrar a los familiares de la persona que había donado sus córneas, antes de que Mun se sumerja en las aguas profundas de la locura.
La cinta asiática llega a nuestra cartelera con esa frescura de encontrarnos con una industria ajena a los “Martes 13” y los “Jason”. Tal parece que los asiáticos han superado el viejo estribillo de combinar las artes marciales con lo más excelso de su filosofía de vida, para abordar las aristas de las almas, buenas o malas, que erran entre las mansardas de las casas viejas o las estaciones del metro.
Buen sonido, con una estructura lineal y con pasajes que nos hacen recordar a la hecatombe de Hiroshima, “El Ojo” se suma a cintas como “El Aro” o “El Grito” que bien nos despiertan con sobresaltos al corazón de esta modorra veraniega y algo, sólo un poco, de reflexión espiritual.
1/27/2006
Viaje a las estrellas
Alfredo Jocelyn-Holt criticando en televisión la mediocridad de la docencia en Chile. Hablaba de los modelos económicos en ciernes y la escasa participación de los focos universitarios chilenos en ese tipo de debates y propuestas. Tal vez los ecologistas aún tengan la oportunidad de saltar hacia la cancha de la política desde el idealismo de sus propuestas. Con la misma utopía, media pesimista, que plasmó en el celuloide la hija de Arthur Miller, Rebecca Miller.
La cinta aborda la vida entre el padre y su hija en una isla alejada de la civilización. A ella acuden sólo de forma provisoria cada vez que necesitan provisionarse de lo suficiente para vivir. Ellos cultivan, aserruchan, arman y construyen sobre las colinas en bellas imágenes donde los rayos del sol vienen a estrellarse en las aguas del río, que bien nos retrotraen a las quimeras voladeras de los hippies setenteros. El padre (Daniel Day Lewis) es el legado fiel de esos ideales abortados por la mayoría de sus compañeros ecologistas.
Los síntomas de una enfermedad terminal y el despertar sexual de la hija de 15 años (Camilla Belle) serán los detonantes de una serie de acontecimientos que borrarán, como en la borrasca de Macondo, todo lo creado. Primero, fue el experimento fallido de armar una nueva familia con una madre y dos hijos “postizos”. Luego, aparece el empresario que desea asentar en los alrededores de la comarca un conjunto habitacional que afectaría las napas de los acuíferos de toda el área. Y, finalmente, la aparición de un sutil enamoramiento incestuoso acallado con discreción por la muerte.
Un film que nos habla del ocaso de los ideales, extrayendo lo mejor de sí en el pasado. Un ayer que se muestra tan majestuoso como vulnerable. Alma de castor o pájaro carpintero fagocitados por la vida moderna del consumo y el trabajo. En su mensaje, Miller se topa con otra memorable película ambientada en Francia: “La vida soñada de los ángeles”.
En “La balada de Jack & Rose” los acordes finos del comienzo dan paso a tonos pasionales en el desenlace y algo más lúgubres casi al final, pero cuyo epílogo se decanta en un do sostenido como antesala de algo que aún está por saberse pero que, sin embargo, deja de manifiesto que las flores estarán ahí para seguir germinando ya sea en tierra yerta o en colchón almidonado de tiernas substancias.
12/29/2005
Sonreír hasta que duela
El jefe y su empleada de una pequeña fábrica de calcetines se ven obligados a sonreír frente a una cámara para hacer el retrato mentiroso de un feliz matrimonio. Es que llega el hermano desde Brasil y es preferible ocultar las manchas que la soledad ha dejado en las vidas de estos personajes uruguayos, como un limo pútrido sobre la piel. Sin embargo, Marta, la subordinada, algo deja entrever en los pliegues de su piel al sumergirse en sus recuerdos escuchando los temas edulcorados de Leonardo Fabio.
A la rutina de levantarse temprano, desayunar en el mismo lugar de siempre, esperar a que abran la puerta metálica en una tarde gris, encender las máquinas y esperar a que el ruido ensordecedor de la rutina surta el efecto de una canción de cuna diabólica, antes de acostarse a dormir... todo cambia repentinamente con la llegada de la inesperada visita.
German, que viene a la casa de su hermano Jacobo tras la muerte de la madre de ambos, hace la diferencia en forma palmaria con una personalidad cautivante. Inserto en medio de la farsa familiar (los supuestos esposos duermen en camas separadas) los invita a pasar unos días de relajo en el balneario carioca de Piriápolis. La cámara vuelve a registrar por segunda vez las sonrisas postizas con un "whisky" cuyo efecto embriagador va develando el mantel oscuro de esas biografías haciéndolas recordar energías juveniles olvidadas o descubriendo que la vida es algo más que el embrutecedor ritmo de una jornada sin pasiones.
Similares efectos provoca el "Sostiene Pereira" de Antonio Tabucchi, cuando el viejo periodista portugués, descomprometido de la bullente realidad social en que se sumerge el país, termina por hacerse armas en ristre con una nueva visión de mundo que va enriqueciendo su vida.
En Whisky encontramos algo más con el toque sutil de un romance que no supera la metáfora. Tal vez el amor sea el verdadero motor de toda la trama. Pueda que sean las ansias de libertad. Esas son respuestas abiertas al espectador que, mediante un trabajo en extremo sencillo, los directores legan con respeto, sin sermones y dejando que la voz de lo nuevo que está por conocerse, en ideal platónico, hable por sí solo.
12/06/2005
A la conquista del mundo
Eran tiempos de gran movimiento migratorio motivados por el crecimiento de las ciudades y una desvaloración del trabajo agrícola. Era el fin de la primacía de los terratenientes. En nuestro suelo José Donoso retrató en cada una de su obras lo mejor que pudo el declive de la aristocracia latifundista criolla. En Dinamarca, mientras tanto, a comienzos del siglo pasado un escritor danés –Martin Andersen Nexo- escribía una obra de similares características. En 1988 su coterráneo Bille August tomó parte de este libro para llevar a la gran pantalla su ópera prima titulada “Pelle, el Conquistador”.
Antes que aparecieran “El Imperio del Sol” y “Kolja”, August introdujo en el cine los avatares de un niño y su padre (brillante Max Von Sydow), tras dejar su patria de origen (Suecia) para trabajar en la granja Stone de Dinamarca, propiedad del libertino señor Kongstrup y su infeliz esposa, la señora Missus.
“Los sueldos son tan altos que los niños tienen tiempo hasta de jugar”, repetía Lasse Karison, el padre de Pelle quien no tarda en afrontar las vicisitudes de vivir en patria de otro idioma y costumbres. Pero de a poco el niño se va alimentando de otro sueño, el de su rebelde y soñador amigo Eric que espera llegar a la primavera para conquistar América. Mientras ello no ocurra, la retina del pequeño se va impregnando de las injusticias en el trabajo, de los amores prohibidos, de la impotencia de su padre avejentado por darle una mejor vida, por la muerte, el abuso y la amistad.
El film retoma uno de los sueños de Kurosawa, en donde un menor es desterrado de su aldea para enfrentar por si solo el vasto mundo. Aquí la historia se repite por decisión del niño dejando en los espectadores la sensación de alguien que prosigue los pasos de un padre que se muestra incapaz de seguir viajando. Pelle lleva además de los zapatos legados por su progenitor, los sueños abandonados por otros adultos en medio de la tundra inhóspita.
Todos los sentimientos y los castigos ejemplarizadores se conjugan para que Pelle adquiera las herramientas indispensables para encontrar un espacio donde vivir con dignidad. La trama está ambientada alrededor de 1920, pero se muestra con una indiscutible actualidad y vergüenza por volver a ver ese insuperable trauma social.
11/29/2005
Horror cercano y verdadero
Perdónenme los que sienten la Navidad con lechosa dulzura. En medio de este grito por recobrar algo de espiritualidad en esta maratón mercadista aparece el film “El exorcismo de Emily Rose”, dirigida por Scott Derrickson (estudioso de las ciencias ocultas), con esa misma pesadez que deja la falta de sustancia en los propósitos.
La trama parte con el juicio en contra del Padre Moore, acusado de negligencia en la muerte de una joven universitaria por incentivarla a dejar los medicamentos para controlar una serie de supuestos trastornos siquiátricos, ya que éstos entorpecían los efectos de un exorcismo. Entonces aparecen abogados y testigos como sacados de un viejo molde del cine setentero.
La abogada Erin Brunner acepta la defensa del sacerdote, con el objetivo de escalar puestos en la empresa donde trabaja. Sin embargo, con el correr de la investigación no se especifica en qué grado cambia la biografía de esta solitaria mujer de roce frío con sus semejantes.
La obra de Derrickson adolece de anoréxica originalidad, ya que no alcanza la mística y la impotencia que trasciende Jane Fonda en “Agnes de Dios” o el nivel de terror en varias de las escenas que encarna Linda Blair en “El Exorcista”. En Emily Rose, la abogada jamás logra que el caso la supere. Su excesivo control y celo profesional (los alegatos en tribunales suelen ser demasiado largos), se deba quizás a que el director no quiso comprometerse moralmente en el caso real de la alemana Anneliese Michel.
Sin temor ni mera curiosidad, ya que desde un comienzo se establece en forma clara las causas de la muerte de la universitaria, el argumento científico que intentan otorgar al exorcismo desde el punto de vista antropológico se diluye. Así como la carta dejada por la posesa casi al final donde relata un encuentro celestial.
Un trabajo que no entusiasma, debido a esa misma carencia de alma que empieza a palparse en estas fechas donde los nervios por lograr el regalo más caro, el árbol sintético más frondoso, la gula y el egoísmo sí son capaces de erizar los pelos a cualquier mortal que enfrente tamaño engendro disfrazado de guirnaldas y cascabeles.
11/17/2005
País Inventado
“No es cierto eso del peligro de una Alemania fuerte”, respondía poniéndose algo molesto comparando la Alemania hitleriana con nuestro reciente pasado dictatorial. Para calmar los ánimos pedí que me mostrara fotos en donde aparece junto a su hermana y su madre. Una ejemplar ligazón teutona, me dije, que bien podría ser la copia fiel de Alex, el protagonista de “Good Bye Lenin”, film dirigido por Wolfgang Becker.
En momentos en que todos hablan de corregir el sistema, el film se inmiscuye en esta controversia con una mirada retrospectiva de lo que fue el acto más simbólico de la caída del comunismo. Sin recaer en la retórica política, el film se centra en una historia filial del hijo con la madre, tal como acontece con la película de Denys Arcand “Invasiones Bárbaras”.
La madre de Alex, una socialista a ultranza que vive en la RDA, sufre un desmayo al ver que su hijo es apresado en una manifestación callejera. Ella entra en un estado de coma que dura ocho meses, tiempo en el cual la Alemania vuelve a ser una. Para no alterar los ánimos que puedan ocasionar problemas en su salud, Alex intenta por todos los medios de ocultar la verdad buscando en los tarros de basura los frascos vacíos de los productos fuera de circulación.
El amor familiar se conjuga con lo erótico, cuando se percata de las nuevas tendencias de la moda que hacen descubrir las piernas de las enfermeras. Es así como se enamora de una inmigrante rusa, quien lo acompaña en una y otra ocurrencia como las grabaciones del noticiero hechas por él mismo con datos trucados.
¿Cuánto duele la verdad? ¿Es preferible vivir en el nimbo de la fantasía?, éstas son preguntas respondidas en “Ojos Bien Cerrados”, del director chileno afincado en España, Alejandro Amenábar. En “Good Bye Lenin” no importa la verdad, ya que nadie es capaz de contestarlas en estos momentos, al no existir una alternativa de modelo que lo sustente. Alejándose de la arenga política a regañadientes, en la cinta sólo aparece un viejo vecino reclamando por las condiciones defectuosas que lo dejó el nuevo sistema provisional.
Es el fin de una historia que planea junto al busto de Lenin desde un helicóptero y el nacimiento del afecto real hacia la mujer y el reencuentro con el padre ausente, consumista por excelencia, con un real sentimiento de conmiseración.
11/11/2005
Mister Adrenalina
Ron Howard eligió adaptar a la pantalla grande no sólo la vida de un boxeador descendiente de italianos, sino también el drama de un personaje anclado en la miseria absoluta que no ceja en vaciar un plato de lentejas con los dedos, minutos antes una determinante pelea. Así es “El Luchador”, que en original lleva por nombre “Cinderella Man” como un ceniciento que lega un mensaje personal y social.
Un complejo desarrollo personal, porque Braddock no descansa tras superar sus necesidades más básicas de abrigo y alimentación sino que, motivado por el espíritu de superación, sigue la estrella de un deporte que fue su real pasión, que se desprende de él luego de una serie de eventos de mala suerte que culminan con la fractura de su mano izquierda, y que retoma con éxito después de cuatro años de penurias.
En los comienzos del siglo veinte, Estados Unidos se hundía en una crisis con 15 millones de desempleados. El Braddock de Howard no sólo hace gala de un temple moral que obliga a su hijo a devolver el robo de un salchichón, sino que también restituye hasta el último peso de lo que pedía en el seguro social y, además, arenga al magnate de la empresa del boxeo yanqui argumentando que si la pobreza fuera lucrativa, en los barriales pobres de la Villa Hoover, con seguridad aquel adinerado administrador habría cambiado de rubro.
Braddock fue un hombre que se cansó de rezar. Que se enfrentó contra los dobles intereses del pugilismo por medio de breves recuerdos, utilizados en raccontos certeros, de su familia subyugada por el frío y las enfermedades como la fuente que emergía de sus guantes para enfrentar a adversarios mejor alimentados y entrenados. Hasta para los menos adherentes al box comulgaban con un público que esperaba el triunfo a favor de Braddock, ejemplo de patriotismo norteamericano en estado puro, desempolvado de una época donde la radio reinaba sin contrapesos.
Russel Crowe y Reneé Zellweger confirman la fama del que han hecho gala los premios que han recibido, en un tema que ha sido explotado hasta la saciedad por la industria de Hollywood, pero que vale la pena ver y deleitarse con esa adrenalina que aflora cuando el derecho a una vida digna está a un paso de sucumbir.
11/03/2005
Como agua entre los dedos
Qué deprimente ha devenido esta Nueva York en donde Gene Kelly se regocijaba bajo la lluvia cantando y bailando “Singing in the rain” en 1952. Sin embargo, tampoco es un film realista, pues la industria se encargó durante meses de promocionarla como “la obra” que haría erizar los pelos de puro miedo.
Madre e hija se embarcan en la tarea de encontrar cuanto antes un departamento y un trabajo que les permita vivir juntas, después que el matrimonio decidiera en forma consensuada poner fin a su relación. Es así como ambas van a dar a un oscuro lugar con vista hacia una selva de edificios maltrechos, nido preferido de inmigrantes y drogadictos. Al menos esa fue la tónica impuesta por el cine hasta que esta mujer (Jennifer Connelly) decidiera mudarse hacia el rostro feo de la gran ciudad.
El tiempo utilizado para adentrarnos en la crisis que vive la protagonista, daba por sentado que todo acabaría en el desamparo y las dificultades que encuentran las mujeres con ansias de libertad en la nación del norte. Pero he aquí que aparece una mancha en el techo, signos latentes que los vecinos del piso superior tienen problemas con los ductos de agua. A esto se suman ruidos molestos, en un lugar deshabitado durante meses.
La niña tiene una nueva amiga imaginaria. La madre, en tanto, no cesa de tener pesadillas con su madre en un conflicto que nunca llegó a ser aprovechado del todo y que se transforma en un recurso fuera de contexto. Como era de esperar, el final se despeña en el sinsentido que deja la falta de hilaridad.
La actuación de Connelly, de sostenido avance, no despega en este proyecto, suerte de trama sicológica que pasa a un suspenso semiterrorífico y que termina en un extraño embrollo sentimental que nos deja en los intersticios aturdidores de una cachetada.
Hay algo en común con “La habitación del pánico”, protagonizada por Jodie Foster. Ambas son mujeres de reciente separación, con una hija que padece de algún problema físico o mental, que atraviesan la etapa de acostumbramiento a una nueva forma de vivir, en un nuevo y amenazante hogar y que acaban por confirmar el quiebre del valor familiar hacia algo que al terror y al suspense gringo se les escapa como agua turbia entre los dedos.
10/27/2005
No estaban muertos...
El trío hispano relata en sus melodías cómo se divierten los muertos bajo tierra, claro que con algunas referencias políticas. Algo de eso también se halla en la obra de Burton, al mostrar la algarabía perpetua en que “viven” los muertos de un oscuro pueblo de Inglaterra. Un lugar victoriano de rancio abolengo que vive por y para las apariencias.
Los aristocráticos Everglot, casi en ruinas, desean casar a su hija con el primogénito de un acaudalado comerciante algo menos refinado en sus modales. Es un matrimonio convenido entre los padres, antes que los novios se conozcan. Pero el miedo de los jóvenes pasa a segundo plano cuando se encuentran por accidente y el amor llega casi en forma instantánea.
Pero el día en que debían contraer nupcias, los nervios traicionan a Víctor Van Dort, el sensible comprometido, lo que lleva a suspender el acto hasta que se aprenda de memoria los diálogos que la pompa religiosa obliga. Desalentado, camina por bosques fantasmagóricos recitando una y otra vez sus parlamentos hasta que, por descuido, su anillo queda prendado de una rama que no era otra cosa que las osamentas de la mano de una novia que lo lleva hacia las profundidades de la tierra.
Con una técnica impecable y un tema de exquisito gusto para los amantes de lo gótico y el mito ruso de la novia que muere tras haber sido abandonada en el altar, la marca gringa disneyana, de todas formas, se hace sentir. Aparece el antagonista encarnado en un apuesto personaje interesado en desposarse más con el dinero de los padres que de la hija. Algo parecido a nuestro Pepe Cortisona de las historietas Condorito, además de la figura simpática que atraviesa toda la historia y que es un gusano (la conciencia) que mora en el cráneo de ella.
Con los ingredientes suficientes para asegurar audiencia, Burton se lanzó en un proyecto de largo aliento donde las canciones aparecen con discreción, ambientándose en una época donde las noticias eran gritadas a viva voz y los velos raídos del traje de un fantasma vagan entren la claridad de la luna de un mundo sombrío y el torrente de juerga e igualdad que subyace en los faldeos de la conciencia de los seres.
10/20/2005
Cenicienta 2005
Este trabajo no sería posible si en la dirección no hubiera estado su ex pareja y musa inspiradora, Liv Ullman, quien ahora se dedica a la dirección en cine y teatro. Fiel reflejo de lo mejor del cine bergmaniano, tal parece que la mano del octogenario director sueco se hace sentir con fuerza más allá de la estructura del guión.
El film comienza con una parodia a Bergman recluido en sus soledades y las dificultades que tiene para escribir el guión de su nueva obra. En su imaginación, comienza un diálogo franco con Marianne, una mujer que confiesa los pormenores que la llevaron a entablar una relación sentimental con el mejor amigo de su esposo, mientras éste reforzaba su ascendente carrera de músico en Estados Unidos.
En una Suecia que nos parece vacunada contra los traumas sentimentales que provoca la religión, es la voz en off de la sufriente la que nos sumerge en un estado de perplejidad hasta llegar a la miseria moral que provoca la traición de alcobas.
El “así de simple y emocionante puede ser, si hay cariño y amor” que dice Marianne en un comienzo pasa a un “¿cómo puedo hablar de aquello que no tiene palabra, si no estuviera tan moralmente aleccionada?”. Y la amenazante advertencia de su esposo: “va a doler”. La protagonista principal (Lena Endra) cumple con creces su interpretación. A diferencia de Closer, un film de una temática perecida aunque algo histérica, Marianne habla directamente a la cámara reforzando gestos y miradas en un primer plano, sin rascarse la nariz ni mucho menos permitiendo que la cocción de un pastel interfiera en su diálogo.
Como buen pesimista, la cinta no trepida en mostrar a cara descubierta la purulencia que se forma en nombre del amor, salpicado con el engaño y el tormento de la culpa al abandonar a la hija. La directora se permite incluir una mirada feminista, porque en medio de la revolución que provoca Marianne aparece el engaño de veinte años del marido. Un engaño oculto que no molesta ni rompe el equilibrio conyugal.
Con una copia en el Blockbuster arriéndelo de todas maneras si piensa que las promesas de La Cenicienta le hundió la vida.
10/12/2005
Ciudad en llamas
Sin City, o Ciudad del Pecado, se basa en la adaptación a la pantalla grande de las aventuras del comic de Frank Miller. Rodríguez se encarga de retrotraernos a lo mejor del cine negro de la década del cincuenta y por ello casi todo lo que muestra está en blanco y negro. Balaceras hasta decir basta, policías y obispos corruptos, ciudades tomadas por el hampa y la prostitución y, quien lo iba a pensar, tres personajes de voz rasposa que luchan contra todo eso en esa tierra sin Dios ni Ley.
Marv (Mickey Rourke) inicia una feroz persecución contra los asesinos de una mujerzuela sensible con quien pasa una noche. Diwght (Clive Owen) es un policía cansado de vivir en las tinieblas de Sin City que se juega su última carta para impedir el quiebre de la tregua que reina entre el hampa y la policía. Y Hartigan (Bruce Willis), el investigador que inicia una aventura por salvar la vida de la hija de un senador, con una excelente actuación.
Es dable deducir que en el crepúsculo de la civilización occidental preconizada por el pensador norteamericano Francis Fukuyama, presenciemos la recreación artística de ciudades cercadas por seres desamparados, inconformes con la realidad y el lodazal moral que tragan con resignación. Acostumbrados a sentir el peligro que acecha en sus vidas, éste significa poco o nada comparado con esa ínfima causa perdida y último bastión que pueda encender la llama del misterioso sentir humano de justicia y altruismo.
En sus intenciones, Rodríguez no escatima en utilizar recursos en extremo violentos, pero qué importa si en Chile se discute rebajar la responsabilidad penal a los 14 años. Antes de la segunda guerra mundial las grandes urbes eran contadas con los dedos de ambas manos, ya que la mayor parte de la población vivía del campo. Hoy las grandes urbes se cuentan por cientos. Dicen que el arte, y en especial el cine, tienen la virtud de ser espejos del mañana, en un día que Rodríguez extrapola a una tarde bastante desalentadora. Como para que los políticos en campaña vean y ofrezcan una discusión constructiva dejando a un lado sus banales bastones populistas.
10/07/2005
Magia en tus oídos
En poco más de una hora la historia que se desarrolla en el desierto de Gobi, en una lejana aldea de pastores de Mongolia, plasma las costumbres propias de una familia que bien podría situarse en nuestras latitudes igual de desérticas. Lo más seguro es que los espectadores del norte de Chile lo encuentren familiar, considerando los rasgos similares que poseen ambas etnias originarias.
Dos directores alemanes se topan con una historia maravillosa en un viaje de aventuras y, fiel seguidores de la corriente “garciamarquezca”, logran trasmitir a plenitud todo el realismo mágico que gira en torno a un joven camello blanco.
Los subtítulos son escasos. Y tanto más, la utilización de medios computacionales que trasgredan la ley gravitacional de los protagonistas.
Es época en que el ganado se renueve por el nacimiento de nuevas crías. Todas las hembras han logrado consumar con éxito sus partos, menos una primeriza. Después de dos días de esforzados intentos logra tener un albino camello, pero al momento la madre se muestra reacia a prodigar los mínimos cuidados a su hijo y menos aún dejarlo amamantar.
Los criadores esperan en vano que la madre varíe su postura. Mientras tanto la lente registra y difunde el modo de vida de las tribus mongoles con la llegada de la radio y la televisión. La renuencia de los más viejos por considerarlos diabólicos y como una pérdida de tiempo el sólo hecho de estar frente a esos aparatos de “imágenes cristalizadas”. En contrapartida el niño Ugna es el único partidario de contar con este invento de la modernidad, aunque su adquisición cueste la venta de todo un rebaño.
Quienes estén acostumbrados a ver programas del reino animal, no se sorprenderán al observar en toda su magnitud el parto de un camello. Sin embargo, el modo en que los habitantes logran que la madre adquiera conciencia de su arrogancia en medio de un mar de lágrimas es, de verdad, sorprendente. No hay latigazos ni sacrificios. Para ello sólo basta la voz melodiosa de una mujer y los acordes de un violín.Cabe preguntarse cuánto ha perdido la humanidad al desdeñar los conocimientos de las culturas milenarias. Una pequeña joya algo aburrida para las generaciones de atari, pero de gran valor testimonial ubicado en un rincón del mundo donde no hay otro modo de vivir que de la solidaridad en comunidad, la imaginación oral hablada y la magia de la simbiosis entre naturaleza y cultura.
9/30/2005
La vida es juego
Juro que conozco una persona idéntica a la protagonista de Play, el film de la joven directora Alicia Scherson. Claro que en la película lleva de nombre Cristina Liancaleo y la que conozco es Marcela. Cristina vive en Santiago, mi amiga en Viña. Es increíble el parecido tanto físico como en sus rasgos sicológicos.
Cristina es una adolescente de origen mapuche que cuida a un viejo belga postrado en cama, casi vegetal, en un céntrico departamento. Su única diversión son los juegos electrónicos donde ve por primera vez al jardinero que cuida el parque aledaño al hogar donde trabaja y vive. Todo parece desembocar en el renacimiento de una relación sentimental entre ellos, matizada por la discriminación racial, pero el film adopta un giro extraño para la cartelera local, con algo más cercano al refinado cine francés.
Las palabras dejan paso al lenguaje neto de las imágenes, con una protagonista ajena a cuanto acontece en la gran ciudad y, por ello, más propensa a analizar las situaciones con mayor objetividad que los propios santiaguinos. Lleva por costumbre catalogar a las personas según el aroma que expelen. Por ello vive oliendo lo que se atraviesa en su camino, pero son escasas las deducciones que saca de ello, excepción hecha en la conversación que sostiene con el jardinero.
Silenciosa, lleva un aire de ingenuidad y malicia que la hacen acreedora de nuestra Amelie criolla, pero un tanto más existencial. Play o “el juego” comienza cuando una mañana encuentra en el basurero del condominio un maletín con los implementos de un exitoso arquitecto del barrio alto que vive el pesar del rompimiento con su novia (Aline Kuppenheim). Aprovechando la posesión de llaves y un cuaderno con los teléfonos y direcciones, comienza el seguimiento al tortuoso Tristán, el arquitecto, manifestando de este modo las controversias entre la vida profesional exitosa y la sentimental, más cercana a la felicidad voyerista de la contemplativa participación de Cristina en un trío que hace cómplice sólo al espectador.
Hay una ligera crítica a la vida provinciana, en el momento que Cristina, amante incondicional de la vida en Santiago, afirma que en el sur todos acaban oliendo a humo y humedad, significando con ello la miseria. Sin embargo, también se enfrenta con una capital violenta al enfrentarse a la madre que intenta maltratar a su hija o a la sinrazón del amor, basada en el sufrimiento. El mejor de los títulos chilenos de los últimos años y en manos de una novata directora, con formación en Estados Unidos, para inyectar de aires frescos la filmografía altisonante de realidades fatales de nuestro país.